Con salarios que siguen perdiendo poder adquisitivo, aumentos atados apenas a la inflación y una economía cotidiana cada vez más asfixiante para miles de familias estatales, la decisión de UPCN Río Negro de abandonar la mesa de la Función Pública dejó una sensación difícil de disimular entre muchos trabajadores: la de quedar otra vez desamparados en medio de disputas políticas y sindicales que no modifican su realidad.
El argumento planteado por el gremio que conduce Juan Carlos Scalesi apunta a que las negociaciones salariales ya llegan cerradas entre el Gobierno provincial y ATE, sin margen de discusión real dentro del ámbito formal paritario. El señalamiento no es nuevo y, en buena medida, tampoco parece alejado de lo que efectivamente ocurre en muchas negociaciones estatales.
Pero el problema aparece después.
Porque frente a un escenario salarial crítico, donde el reclamo lógico de cualquier trabajador sería fortalecer la pelea gremial, endurecer posiciones, aumentar la presión política o ampliar la representación de las bases, la respuesta de UPCN terminó siendo retirarse de la discusión.
Y ahí es donde muchos empleados públicos afiliados al sindicato empiezan a preguntarse quién defiende realmente sus intereses.
La historia del sindicalismo estatal —más allá de las diferencias ideológicas o metodológicas— siempre tuvo una premisa básica: representar el conflicto de los trabajadores frente al poder político. Asambleas, movilizaciones, protestas, visibilización pública o negociación dura forman parte de cualquier manual sindical cuando el salario pierde contra la inflación.
Sin embargo, en Río Negro ocurre algo distinto: uno de los principales gremios estatales directamente se baja de la mesa.
La decisión deja además un vacío difícil de explicar para muchos afiliados de UPCN, sobre todo en un contexto donde los salarios públicos aparecen cada vez más comprometidos por deudas, descuentos, créditos y órdenes de compra que terminan consumiendo gran parte de los ingresos mensuales.
En distintos organismos provinciales crece una percepción silenciosa pero persistente: muchos trabajadores continúan afiliados más por los servicios y beneficios sociales que ofrece el gremio que por sentirse efectivamente representados en la discusión salarial.
El desgaste también parece reflejarse en la escasa capacidad de movilización que viene mostrando UPCN en los últimos años, aun en momentos donde el deterioro salarial fue evidente.
Mientras tanto, Juan Carlos Scalesi se encamina a asumir un nuevo mandato al frente del sindicato. Este año cumplió 36 años conduciendo UPCN Río Negro y encarará su novena gestión consecutiva, pese a haber afirmado en distintas ocasiones que no volvería a postularse.
La ausencia de UPCN en la última reunión de Función Pública terminó además generando una reacción irónica desde el propio oficialismo sindical rival. El secretario general de ATE Río Negro, Rodrigo Vicente, celebró los avances alcanzados en la negociación y cerró su balance con una frase cargada de mensaje interno: “Al final fue mejor solo que mal acompañado”.
Más allá de la disputa entre gremios, la frase dejó expuesto algo más profundo: la naturalización de una mesa paritaria donde ya casi no hay debate real y donde los trabajadores parecen quedar atrapados entre acuerdos cerrados, internas sindicales y dirigencias cada vez más alejadas de la angustia cotidiana de quienes viven de un sueldo estatal.
Porque mientras los gremios discuten entre sí y el Gobierno administra aumentos que apenas empatan la inflación, el empleado público sigue haciendo cuentas para llegar a fin de mes.
15 mayo 2026
Gremiales