Por Cristian Edward Rodicio (*)
Durante meses, Manuel Adorni hizo de una palabra una marca registrada. Cada cierre de mensaje, cada declaración seca, cada intento de instalar autoridad terminaba con un “Fin”.
Finalmente llegó. Pero no como consigna ni como gesto de fortaleza comunicacional. Llegó como desenlace político, tal vez de una manera anunciada.
La renuncia de Adorni como jefe de Gabinete no debería sorprender a nadie. En todo caso, la pregunta que queda flotando es otra ¿Por qué tardó tanto?
Desde hace meses el escenario era cada vez más difícil de sostener. Viajes cuestionados, gastos incompatibles con el nivel de ingresos declarado, movimientos patrimoniales bajo observación y hasta la necesidad de rectificar declaraciones juradas terminaron construyendo algo que ningún aparato comunicacional pudo contener, y es lo que se conoce como una profunda crisis de credibilidad.
Entre los episodios que más ruido generaron aparecieron los viajes de lujo, reformas inmobiliarias realizadas mediante pagos en efectivo y cuestionamientos sobre adquisiciones patrimoniales que quedaron bajo análisis judicial. También provocó fuertes repercusiones públicas el reconocimiento de fondos que no habían sido incorporados inicialmente en declaraciones patrimoniales oficiales y quedaron perdidos en un pendrive.
No se trata solamente de una discusión judicial. Se trata de una discusión política y ética que llevo a este resultado.
Un gobierno que llegó prometiendo terminar con privilegios, excesos y una forma de hacer política asociada a la opacidad, terminó defendiendo durante demasiado tiempo a uno de sus funcionarios más visibles mientras crecían las explicaciones pendientes.
Por supuesto, en un Estado de Derecho nadie debe ser condenado mediáticamente ni privado de garantías. La Justicia deberá determinar si existieron delitos y establecer responsabilidades donde corresponda, pero una cosa distinta es la responsabilidad política. Y esa responsabilidad, muchas veces, empieza mucho antes de que exista una sentencia.
Por eso la salida de Adorni no aparece como un gesto de ejemplaridad. Aparece como una decisión tardía.
El problema nunca fue solamente la sospecha, si no el de sostener durante tanto tiempo que nada de eso ameritaba una explicación suficiente.
Hoy el “Fin” ya no aparece al final de un posteo. Aparece como el cierre incómodo de una etapa que, para muchos, debió haber terminado bastante antes.
(*)Pte. Mesa Viedma - Partido del Trabajó y la Equidad de Río Negro
DNI. 34.958.877
28 junio 2026
Opinion