“Nos hemos olvidado de la dimensión social de la fe”. La frase del Padre Luis García no aparece como una definición teórica ni como una consigna religiosa. Surge en medio de una conversación atravesada por historias de consumo problemático, pobreza, angustia y jóvenes que, según describe, llegan “quebrados” buscando ayuda en la parroquia.
La entrevista fue realizada en el programa Raíz Informativa, que conduce Pedro Caram, donde el sacerdote de la parroquia Nuestra Señora de la Merced habló sobre la situación social de Viedma y el trabajo comunitario que sostiene desde hace años en distintos barrios de la ciudad.
“La opción por Jesucristo nos tiene que llevar a encarnar en la realidad, a transformarla, a generar esperanza, justicia, solidaridad y bien común”, expresó García, quien reivindicó una Iglesia vinculada al territorio y alejada de una práctica encerrada “en la sacristía”.
Desde hace cuatro años, la parroquia impulsa un trabajo de acompañamiento a personas atravesadas por consumos problemáticos a través del programa Hogares de Cristo. Actualmente, más de 70 jóvenes participan de distintas etapas del tratamiento.
“Hay un avance muy fuerte de la venta de drogas en toda la provincia y no se está haciendo lo suficiente desde el Estado para acompañar a los jóvenes en sus procesos de rehabilitación”, advirtió.
Uno de los aspectos que más preocupa al sacerdote es la edad de inicio de los consumos. “Antes hablábamos de jóvenes y adultos. Hoy vemos problemáticas muy graves en edades mucho más tempranas”, señaló.
Detrás de cada situación de consumo, explicó, aparecen también otras problemáticas sociales vinculadas al hambre, la precariedad y la falta de oportunidades. En ese sentido, mencionó el último informe sobre pobreza infantil de la Universidad Católica Argentina y relató escenas cotidianas que escucha durante los tratamientos.
“Muchos padres y madres me dicen: ‘No me deja en paz pensar qué estarán comiendo mis hijos’”, contó.
García describió además el crecimiento de las redes comunitarias de asistencia alimentaria en distintos barrios de Viedma, con vecinos y organizaciones sosteniendo comedores y ollas populares. “Hay que sacarse el sombrero ante muchísima gente de la comunidad que hoy está sosteniendo a los más pobres”, afirmó.
El sacerdote explicó que el funcionamiento de Hogares de Cristo depende en gran parte de la solidaridad comunitaria. “Sería imposible sostener algo de esta magnitud sin el aporte de la gente”, sostuvo.
El proceso de recuperación dura alrededor de 14 meses y atraviesa distintas etapas. Todo comienza en el Centro de Día que funciona en Cáritas Catedral, donde llegan jóvenes en situación de calle o con consumos activos. Allí reciben comida, ropa, acompañamiento y talleres.
“Muchos llegan destruidos, con culpa y con historias muy duras detrás. Lo primero es sostenerlos y ayudarlos a descubrir que hay otra posibilidad de vida”, explicó.
Luego continúan el tratamiento en espacios comunitarios y más adelante en una chacra donde desarrollan talleres, terapias y actividades productivas. También existe una etapa final de reinserción social y laboral.
Durante la entrevista, García manifestó además su preocupación por el clima social que atraviesan las nuevas generaciones. Habló de violencia naturalizada, desesperanza y falta de futuro.
“Los jóvenes se sienten aplastados. Sienten que no tienen oportunidades, que no hay trabajo y que no existe un porvenir posible”, sostuvo.
En ese contexto, alertó sobre el crecimiento de los suicidios e intentos de suicidio entre adolescentes y jóvenes. “Hay mucho sufrimiento silencioso y muchas veces nadie escucha de verdad a esos pibes”, lamentó.
La charla también permitió recordar el aniversario número 29 de la Fundación Creando Futuro, entidad de la que García fue fundador y con la que mantiene una relación activa.
Parte de las actividades de Hogares de Cristo se desarrollan justamente en la chacra de la fundación y varios integrantes colaboran en distintos espacios comunitarios. “Veintinueve años parecen fáciles de decir, pero son muchísimo trabajo”, expresó.
Sobre el cierre, el sacerdote dejó una reflexión atravesada por la realidad que enfrenta todos los días. “La esperanza es lo último que tenemos que perder. Incluso en medio de tanta oscuridad hay que seguir buscando junto a otros qué podemos hacer para transformar esta realidad”, concluyó.
15 mayo 2026
Viedma