El fuerte ciclo de inversiones energéticas que atraviesa la costa atlántica de Río Negro abre una oportunidad para Viedma, aunque su impacto en la economía local dependerá de la capacidad de la ciudad para insertarse como proveedora de servicios especializados. La llegada de grandes proyectos no garantiza, por sí sola, que la riqueza generada permanezca en el territorio.
Las inversiones anunciadas en petróleo, gas natural licuado e infraestructura exportadora suman decenas de miles de millones de dólares y ya comenzaron a modificar la dinámica económica de distintas localidades de la región. El desafío, según el análisis, dejó de ser atraer capitales y pasó a centrarse en cuánto valor agregado podrá capturar cada ciudad.
El diagnóstico surge del informe productivo “Inversión que llega, riqueza que queda”, realizado por Praxis Consultora, que analiza las oportunidades y riesgos para Viedma y el corredor atlántico frente al nuevo escenario energético. El trabajo plantea que el interrogante central no es si las inversiones llegarán, sino cuánto de su impacto económico podrá permanecer en Río Negro.
Uno de los puntos centrales del estudio es la diferencia entre inversión y derrame local. Una obra puede movilizar cifras millonarias y, al mismo tiempo, generar un impacto reducido en una localidad si los proveedores, profesionales y servicios son contratados fuera de la región. El derrame, advierte el informe, no es automático y depende de la capacidad del territorio para ofrecer bienes y servicios competitivos.
En ese escenario, Viedma aparece como la ciudad del corredor con mayor potencial para captar valor a través de servicios avanzados y conocimiento, pero también como una de las que corre mayor riesgo de quedar al margen. La capital concentra universidades, organismos provinciales, estudios profesionales, bancos y organismos de control, una estructura que podría responder a demandas de ingeniería, gestión ambiental, auditoría, derecho corporativo, seguros y software industrial.
Sin embargo, el informe alerta que las empresas pueden contratar esos servicios en Buenos Aires, Neuquén o Puerto Madryn. En este último caso, la experiencia acumulada en la industria petrolera consolidó proveedores con capacidad para competir por contratos de mayor complejidad. La competencia por ese valor agregado, sostiene el análisis, ya está en marcha.
Entre los sectores donde Viedma podría posicionarse aparecen los servicios profesionales vinculados con ingeniería, agrimensura, gestión ambiental, seguridad e higiene y consultoría estratégica. También se mencionan el financiamiento de proyectos y los seguros industriales, la formación técnica especializada en energía, el monitoreo remoto, el software industrial, la automatización y los servicios asociados a licencias, permisos y controles estatales.
El diagnóstico expone además una particularidad de la economía viedmense. Con una tasa de desempleo del 2,1% durante el primer trimestre de 2026, la ciudad presenta estabilidad laboral, pero con una fuerte dependencia del empleo público. Por eso, uno de los desafíos señalados es mejorar la calidad y diversificación del empleo privado.
El informe también pone la mirada en el Valle Inferior, al que define como un motor productivo propio frente al protagonismo que adquirieron los grandes proyectos energéticos. El sistema de riego reúne unas 24.000 hectáreas y genera cerca de 35 millones de dólares anuales, distribuidos entre cientos de productores y trabajadores.
Frutos secos, ganadería y lácteos, horticultura intensiva, forrajes, pelletizado y turismo de naturaleza aparecen entre los sectores con mayor potencial. En particular, se destaca que Río Negro es la principal provincia productora de avellanas del país y que el Valle concentra unas 1.500 hectáreas de nueces, almendras y avellanas.
De cara a 2035, el trabajo plantea tres escenarios posibles. El más desfavorable ubica a la región como un enclave exportador, con los grandes proyectos funcionando pero los contratos sofisticados concentrados fuera de Río Negro. Un escenario intermedio contempla un derrame moderado, con proveedores regionales y crecimiento comercial. El escenario transformador proyecta, en cambio, un nuevo polo energético-industrial del Atlántico Patagónico, con Viedma como capital de servicios energéticos y San Antonio como nodo logístico.
Para avanzar hacia ese último escenario, el informe identifica tres decisiones estratégicas: desarrollar proveedores locales competitivos antes de que las empresas consoliden sus cadenas externas; vincular el ciclo energético con la agroindustria del Valle para abastecer la demanda de alimentos; y convertir a Viedma en una oferta visible de servicios avanzados.
“La ventana para posicionarse como proveedor del ciclo energético se mide en años, no en décadas”, concluye el trabajo, que advierte que la disputa ya no pasa solamente por recibir inversiones, sino por lograr que una parte de la riqueza y el empleo que generen quede en la región.
13 julio 2026
Viedma