Por Andrés Alvarenga*
Junio es mucho más que banderas y celebraciones. El Mes del Orgullo nos invita, cada año, a detenernos, reflexionar y reivindicar las luchas históricas de los movimientos LGBTIQ+. Es un tiempo de memoria, pero también de propuesta. Un mes que nos convoca a pensar cómo construir sociedades verdaderamente inclusivas, donde la diversidad no sólo sea tolerada, sino reconocida y representada en todos los espacios.
En este camino, es urgente hablar de la necesidad de participación polÃtica de las personas LGBTIQ+ en los ámbitos de decisión. Concejos deliberantes, legislaturas provinciales, el Congreso Nacional, los gobiernos ejecutivos, el poder judicial: todos estos lugares deben reflejar la diversidad de la sociedad que dicen representar. Hoy, la representación sigue siendo escasa y muchas veces simbólica.
La demanda por una participación igualitaria, que garantice el pleno goce de los derechos polÃticos y habilite una representación genuina, es una lucha histórica que venimos sosteniendo desde hace décadas. Pero sigue siendo una batalla pendiente. Y sin representación real, los derechos conquistados quedan frágiles y las deudas sociales se perpetúan.
Este debate adquiere una urgencia aún mayor en el contexto polÃtico que atraviesa hoy la Argentina. Con un gobierno nacional que desmantela las polÃticas públicas destinadas al colectivo LGBTIQ+, que desfinancia programas, invisibiliza derechos y desarticula espacios de protección, la participación activa se vuelve vital. No se trata de una amenaza abstracta: se trata de ataques concretos. El propio presidente no ha dudado en sostener discursos abiertamente homofóbicos, profundizando un clima de odio que legitima las violencias cotidianas.
Frente a la ofensiva de las polÃticas de derecha y el desguace de años de avances conquistados, es más urgente que nunca ocupar espacios de decisión. Necesitamos voces propias, necesitamos poder. Porque no hay mejor manera de defender los derechos de la diversidad que desde la diversidad misma. No es sólo ocupar cargos, es construir poder con perspectiva, con compromiso y con la experiencia concreta de haber vivido la exclusión.
El Mes del Orgullo es un recordatorio de todo lo que hemos conquistado, pero también de lo que falta. En RÃo Negro, como en toda Argentina, debemos exigir a los partidos polÃticos, a las instituciones y a los gobiernos que den un paso adelante: inclusión real, acceso a candidaturas, formación, financiamiento, protección frente a los discursos de odio.
La representación polÃtica LGBTIQ+ no es una concesión ni un sÃmbolo vacÃo: es un acto de justicia democrática. Sin nosotres en los espacios de decisión, la democracia está incompleta. Orgullo también es ocupar el poder, disputar los sentidos, cambiar las estructuras.
Este junio, y cada dÃa, sigamos luchando para que nuestras voces no sólo sean escuchadas, sino también tengan el poder de decidir.
*Activista lgbtiq+ y Pte Partido Igualdad.
21 julio 2026
Opinion