Por Edmundo "Mundy" Fuster (*)
El tema “Malvinas” no es siempre
bueno ni siempre malo para todos; tras un reclamo genuino se esconde una de las
mayores miserias humanas que portamos los argentinos.
Cuando muchos no habían nacido y otros
éramos pequeños, el que fue, quizás, el gobierno más honesto, impoluto y
progresista de la historia reciente tuvo un canciller, Miguel Ángel Zavala
Ortiz, que, luego de muchas gestiones previas, consiguió que la Organización de
las Naciones Unidas aprobara la tan famosa como desconocida Resolución 2065,
donde se reconoció oficialmente la existencia de una disputa de soberanía entre
la Argentina y el Reino Unido por las Islas Malvinas.
A los pocos meses hubo un golpe de
Estado y derrocaron al gobierno constitucional. Es bueno recordar que la Ley de
Medicamentos, impulsada por su ministro de Salud, Arturo Oñativia, había
provocado una fuerte reacción de los grandes laboratorios farmacéuticos, cuyos
intereses habían sido seriamente afectados.
Tuvimos varios intentos con este tema y,
en el 82, otro gobierno militar se mandó y dijo: “Esto es mío y se acabó”.
Lo hizo porque el gobierno se caía a
pedazos y porque en ese tiempo existía el TIAR (Tratado Interamericano de
Asistencia Recíproca), que incluía a EE. UU., y alguno quizás pensó que, ante
una agresión externa, nuestros hermanos del Norte saldrían en nuestro auxilio y
que los vecinos no nos jugarían en contra. Nada de eso pasó y después cayó el
gobierno militar.
En la campaña previa a la presidencia de
Menem se hizo mención al tema y luego se dijo que lo dicho no se había dicho.
Luego de la guerra todo se dificultó,
aunque siempre se mantiene latente en el corazón y en los reclamos de los
argentinos.
Con una sábana y un aerosol hicieron una
bandera, reflotaron un reclamo y, en el Mundial de Fútbol, la tiraron al campo
de juego. Los jugadores la exhibieron, se viralizó y despertó un sentimiento
siempre latente, pero un poco dormido.
Algunas “filtraciones inocentes” desde
EE. UU. y otras ambigüedades que no pasaron desapercibidas, y ahora salen a la
luz muchísimas gestiones realizadas por el Gobierno, absolutamente desconocidas
para la gente de a pie, y un mensaje presidencial dando cuenta de muchas cosas
y medidas que se tomarán para evitar que extraigan el petróleo y volver con el
reclamo de la soberanía.
Tengamos estos antecedentes en la
carpeta de PENDIENTES y sigamos.
El Gobierno viene de acumular
situaciones que lo han hecho descender bastante en la consideración social y,
tal como la madre de la novia se perfuma cuando la nena trae al novio por
primera vez, aquí ninguno come vidrio. Veamos algunos bachecitos por los que ha
pasado este año el Ejecutivo.
· Caso
Adorni, sin dudas se lleva todos los premios.
· Reclamos
por la falta de consumo, empresas y comercios que cierran y trabajadores
despedidos.
· Discursos
con frases poco felices dirigidos a quienes no comparten el pensamiento del
Gobierno.
· Algún
traspié parlamentario.
· Encuestas
no del todo favorables.
· Cortocircuitos
con Brasil, China y España.
Juntemos el tema Malvinas y la situación del Gobierno, que perdió la iniciativa, la “agenda” y la figura del tobogán cada vez más cerca, y surge este tema.
¿Tiene alguna relación una cosa con la
otra?
Para el Gobierno no: son temas
absolutamente distintos. No es la utilización de una causa nacional para un
llamado a la “unidad”; es una noble y sentida invitación a todo el arco
político a tirar para adelante con este tema, sacándolo de la agenda y a
marchar todos juntos para el mismo lado. Loable, por cierto.
Para la oposición es oportunismo puro,
es la búsqueda de un enemigo contra quien confrontar, como una diana a la que
se le apunta, tal como supo plantearlo el escritor y filósofo italiano Umberto
Eco.
No ha ahorrado en calificar a esta
situación como de oportunismo, payasada y demagogia, y traer al recuerdo temas
del pasado.
Gran Bretaña no tardó mucho en
reaccionar. El ministro de Defensa dijo que es “política interna argentina”
y un portavoz (?) del Gobierno habría dicho que: “Nuestras fuerzas armadas
están alerta las 24 horas, los siete días de la semana, para proteger al Reino
Unido y nuestros intereses”.
Las empresas involucradas en la teórica
explotación tampoco le dieron demasiada importancia a los anuncios
presidenciales y, según dicen, continuarán con sus planes porque cuentan con la
autorización de los isleños y de Gran Bretaña.
El tiempo dirá si estos anuncios son
puro humo de todas las partes o si a alguno le salta la térmica y se pudre
todo.
La causa Malvinas siempre
despierta pasiones, a favor y en contra. Nunca los anuncios sobre este tema son
avalados por el conjunto; siempre se ve una intencionalidad inconfesable, una
falta de oportunidad, una idea escasamente seductora, como mandar los libros
del osito Winnie the Pooh a las 600 familias de ese tiempo. Si no me creés,
googlealo.
Otra vez caímos en la trampa de la
grieta, de un lado o del otro: gente a favor y en contra, oportunismo u
oportunidad, justicia y cuidado de nuestros recursos o simple demagogia.
Ya tendremos tema para unos cuantos días.
24 agosto 2026
Opinion