Por Edmundo "Mundy" Fuster (*)
¿Vivimos en el mismo país o en dos realidades diferentes?
Mientras una parte de la dirigencia discute candidaturas, alianzas, encuestas y estrategias, millones de argentinos siguen ocupados en cuestiones mucho más simples y urgentes: trabajar, llegar a fin de mes, conseguir un turno médico, sostener a su familia.
Tal vez la verdadera grieta no sea la que vemos todos los días en televisión.
Tal vez la verdadera separación sea otra.
Hay países divididos por ideologías, por
religiones o por modelos económicos. Argentina parece haber inventado otra
forma de grieta: la de dos mundos que conviven sobre el mismo suelo, pero
casi nunca se cruzan.
En uno se habla de candidaturas,
alianzas, encuestas, internas, reelecciones y reparto de cargos. En el otro se
habla de precios, jubilaciones, remedios, trabajo, discapacidad, educación y de
cómo llegar a fin de mes.
No se trata de quién tiene razón. Se
trata de prioridades.
Mientras unos viven pendientes del próximo turno electoral, millones de
argentinos esperan el próximo turno médico, hacen cuentas para llenar el
changuito o rezan para conservar el trabajo.
Los argentinos nos la rebuscamos para
estar siempre en el candelero; nuestra clase dirigente y sus adláteres no le
esquivan el culo a la jeringa. No hay aguja hipodérmica a la que le hagamos
asco: si viene para nuestra nalga, viene; y si no, nosotros vamos a su
encuentro.
¿Teníamos necesidad de abrir un nuevo
frente de conflicto con Brasil, con el Partido Demócrata de los Estados Unidos
o con México? ¿Con qué fin? ¿Con qué beneficio? Mientras la realidad golpea con
fuerza, buena parte del debate político parece transitar por un carril
completamente distinto.
Según la prensa argentina, la
vicepresidenta Victoria Villarruel afirmó que Javier Milei tiene "persecuciones
imaginarias" que replica en Argentina y en el exterior y manifestó su
preocupación por su estado. No fue precisamente una diferencia menor entre
quienes fueron elegidos para gobernar juntos.
Mientras tanto, el nuevo jefe de
Gabinete llega, cambia funcionarios y vuelve a empezar.
Se discute si las PASO se suspenden, si
habrá alianzas, quién encabezará las listas y cómo se repartirán los lugares.
Falta más de un año para las elecciones, pero buena parte de la política ya
vive instalada en ese calendario.
Todo gira alrededor de la próxima
elección, de la próxima encuesta o del próximo movimiento táctico. Pareciera
que el país pudiera ponerse en pausa mientras los dirigentes ordenan su
tablero.
Sin embargo, del otro lado del vidrio
hay cuarenta y siete millones de argentinos que no pueden darse ese lujo.
Ellos no se despiertan pensando en
alianzas electorales. Se levantan preguntándose si el sueldo alcanzará, si
conseguirán turno para un especialista, si podrán comprar los remedios, pagar
el alquiler o simplemente llenar el changuito sin resignar algo imprescindible.
Lo dicen todos los días los analistas,
los economistas y los periodistas: "se cayó el consumo", "la
gente no llega a fin de mes", "los salarios siguen perdiendo frente a
la inflación", "la clase media está al límite", "la pobreza
se enseñorea con la clase media". Lo dicen, lo analizan, lo publican... y
al día siguiente comienza una nueva discusión política que vuelve a desplazar
esos problemas del centro de la escena.
Y ahí aparece la sensación de que existen
dos realidades que apenas se rozan.
Porque mientras ellos hablan del próximo
turno electoral, millones de argentinos hablan del próximo turno médico.
Mientras ellos discuten candidaturas,
otros hacen cuentas para llegar a fin de mes.
Mientras ellos proyectan el futuro,
muchos apenas consiguen atravesar el presente.
Nos hicieron creer durante años que la
gran grieta dividía a los argentinos entre oficialistas y opositores,
peronistas y antiperonistas, kirchneristas y antikirchneristas. Hoy no estoy
tan seguro.
Creo que la verdadera grieta pasa por
otro lado. No separa ideologías. Separa prioridades.
De un lado están LOS ELLOS. Del
otro, LOS NOSOTROS.
LOS ELLOS tienen otras prioridades. Viven
pendientes de las encuestas, de las listas, de los cargos, de las alianzas, de
las internas, de las operaciones políticas y de la próxima elección. Cambian de
enemigos, de socios y hasta de discursos con una facilidad asombrosa, pero rara
vez abandonan ese universo que gira alrededor de ellos mismos.
LOS NOSOTROS vivimos pendientes de llegar a fin de
mes, de conseguir un turno, de que alcance para los remedios, de conservar el
trabajo, de pagar los impuestos, de que nuestros hijos y nietos tengan alguna
oportunidad y de que el esfuerzo cotidiano sirva para algo más que sobrevivir.
Esa sí parece una grieta difícil de
cerrar.
Porque mientras unos discuten cómo
acceder al poder, los otros sólo esperan que el poder se acuerde de que
existen.
Dejen de mirarse el ombligo.
Salgan por un momento de las oficinas,
de los estudios de televisión, de las reuniones partidarias y de las redes
sociales.
Descubran que, además de ustedes, existe
un país real.
Un país donde la política importa, pero
no ocupa las veinticuatro horas del día.
Un país donde las urgencias tienen
nombre y apellido.
Un país que no necesita dirigentes
preocupados únicamente por la próxima elección, sino representantes capaces de
mirar un poco más allá de sus propias disputas.
Porque cuando quienes toman las
decisiones terminan viviendo tan lejos de quienes deben soportar sus
consecuencias, deja de haber una sola realidad. Empiezan a convivir dos.
Dos países.
Dos maneras de entender las prioridades.
Dos mundos paralelos.
DNI 12 088 056
15 septiembre 2026
Opinion