Artémides Zatti, el “enfermero santo de la Patagonia” o “el hermano de todos los pobres”, un ícono de Viedma, será declarado santo tras haberse oficializado en El Vaticano que obró un milagro.
En la jornada de este sábado 9 de abril, el Papa Francisco
recibió en audiencia al Cardenal Marcello Semeraro, Prefecto de la Congregación
para las Causas de los Santos. Durante la audiencia, el Sumo Pontífice autorizó
a la misma Congregación a promulgar el Decreto relativo a:
- el milagro atribuido a la intercesión del Beato
Artémides Zatti, Laico Profeso de la Sociedad Salesiana de San Juan Bosco;
nacido el 12 de octubre de 1880 en Boretto (Italia) y fallecido el 15 de marzo
de 1951 en Viedma (Argentina).
Con este acto del Santo Padre, se abre el camino para la
canonización del beato Artémides Zatti. La fecha de la canonización será
decidida por el Sumo Pontífice en el curso de un consistorio ordinario.
Artémides Zatti nació en Boretto (Reggio Emilia) el 12 de
octubre de 1880. No tardó en experimentar la dureza del sacrificio, tanto que a
los nueve años ya se ganaba la jornada como peón de campo. Obligada por la
pobreza, la familia Zatti, a principios de 1897, emigró a Argentina y se
instaló en Bahía Blanca. El joven Artémides empezó inmediatamente a frecuentar
la parroquia dirigida por los salesianos, encontrando en el párroco, Padre
Carlos Cavalli, hombre piadoso de extraordinaria bondad, a su director
espiritual. Fue él quien lo orientó hacia la vida salesiana. Tenía 20 años
cuando ingresó al aspirantado de Bernal.
Asistiendo a un joven sacerdote con tuberculosis,
contrajo la enfermedad. El interés paterno de Don Cavalli -que lo seguía de
lejos- llevó a elegir para él la Casa Salesiana de Viedma donde había un clima
más propicio y sobre todo un hospital misionero con un gran enfermero
salesiano, que prácticamente hacía de “médico”: el Padre Evasio Garrone. Este
último invitó a Artémides a rezar a María Auxiliadora para obtener la curación,
sugiriéndole que hiciera una promesa: "Si ella te cura, te dedicarás a
estos enfermos toda tu vida". Artémides aceptó gustoso e hizo la promesa y
sanó misteriosamente. Entonces dirá: «Creí, prometí, sané». Su camino estaba
ahora claramente trazado y lo tomó con entusiasmo. Aceptó con humildad y
docilidad el no pequeño sufrimiento de la renuncia al sacerdocio. Hizo su
primera profesión como hermano laico el 11 de enero de 1908 y la Perpetua el 8
de febrero de 1911. De acuerdo con la promesa hecha a Nuestra Señora, se
consagró inmediata y totalmente al hospital, ocupándose inicialmente de la
farmacia contigua, pero luego, cuando el padre Garrone murió en 1913, toda la
responsabilidad del hospital recayó sobre sus hombros. De hecho, llegó a ser
subdirector, administrador, experto enfermero apreciado por todos los enfermos
y por los propios trabajadores de la salud que le fueron dejando cada vez más
libertad de acción.
Su servicio no se limitó al hospital sino que se extendió
a toda la ciudad de Viedma, y aún más allá, a otras localidades ubicadas a
orillas del río Negro, entre ellas, Carmen de Patagones. En caso de necesidad
se movía a cualquier hora del día o de la noche, con cualquier clima, llegando
a las casuchas de los arrabales y haciéndolo todo gratis. Su fama de santo
enfermero se extendió por todo el Sur y así le llegaban enfermos de toda la
Patagonia. No era raro que los enfermos prefirieran la visita del santo
enfermero antes que la de los médicos.
Artemide Zatti amaba a sus pacientes de una manera
verdaderamente conmovedora. Veía en ellos al mismo Jesús, al punto que cuando
pedía a alguna religiosa, ropa para un niño recién llegado, decía:
"Hermana, ¿tendrá usted ropa para un Jesús de 12 años?". La atención
a sus pacientes era tal que llegaba a matices delicados. Hay quienes recuerdan haberlo
visto llevar a sus espaldas a la cámara mortuoria, el cuerpo de un enfermo
muerto durante la noche, para apartarlo de la vista de los demás enfermos: y lo
hacía recitando el De profundis. Fiel al espíritu salesiano y al lema legado
por Don Bosco a sus hijos - "trabajo y templanza" - llevó a cabo una
actividad prodigiosa con habitual disposición de ánimo, con heroico espíritu de
sacrificio, con absoluto desapego de toda satisfacción personal, sin jamás
tomar vacaciones o algún reposo. Algunos han dicho que los únicos cinco días de
descanso que tuvo, fueron los que pasó... ¡en la cárcel! Sí, también conoció la
prisión por la fuga de un preso ingresado en el hospital, fuga atribuida a
Zatti. Fue liberado absuelto y su regreso a casa fue un triunfo.
Era un hombre de fácil relación humana, con una visible
carga de simpatía, feliz de poder entretenerse con gente humilde. Pero era
sobre todo un hombre de Dios, lo irradiaba. Un médico de hospital bastante
incrédulo dirá: "Cuando veía al hermano Zatti mi incredulidad
vacilaba". Y otro: «Creo en Dios desde que conozco al hermano Zatti».
En 1950 el infatigable enfermero cayó de una escalera y
fue en esa ocasión cuando se manifestaron los síntomas de un cáncer que él
mismo diagnosticó lúcidamente. Sin embargo, siguió asistiendo a su misión un
año más, hasta que después de sufrimientos heroicamente aceptados, murió el 15
de marzo de 1951 en plena conciencia, rodeado del cariño y agradecimiento de
todo un pueblo.
Fue declarado Venerable el 7 de julio de 1997 y beatificado
por San Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro el 14 de abril de 2002.

12 enero 2026
Viedma