Fechas festivas como las que estamos viviendo, exponen,
sacan a relucir y dan dimensión exacta de la importancia de la actividad
taxista. Tan relegada, mirada de reojo, y llevada adelante a los
ponchazos.
Estos días, previos a la Navidad y el Año Nuevo, han puesto
de manifiesto diversos aspectos a considerar, observar y en consecuencia,
actuar, si es la pretensión de los protagonistas y de quienes legislan, para
mejorar el servicio de transporte más utilizado tanto por los sectores más
humildes como por la clase media de nuestra capital.
La escasez de
unidades en proporción a la demanda, la carga y sobrecarga horaria de
los trabajadores y trabajadoras taxistas para la obtención de un beneficio
económico que se paga con salud, la recepción de infinidad de quejas y maltrato
por la problemática de la insuficiente cobertura de transporte de taxi
depositada sobre las y los laburantes del volante, las licencias inactivas en
tiempos en los que más se las necesita trabajando, entre tantísimas
dificultades a ordenar, resolver, regular y profundizar de una vez por todas y
para siempre, son cuestiones que deben “ponerse sobre la mesa”.
Son además estas semanas, las que le devuelven a los y las
taxistas el reflejo más cabal de la relevancia de nuestro trabajo y su función,
esa devolución que jamás escucharemos por parte de nadie, más allá de nuestras
propias familias, porque es vox populi dentro de la sociedad la instalación de
diferentes estigmatizaciones que recaen en “el tachero”, a ellas nos han
acostumbrado y se les ha dado lugar agachando la cabeza, acompañadas las mismas
de la crítica más rígida y permanente a quienes pasamos horas y horas arriba de
un auto.
Paradójicamente, también el usuario, sin darse cuenta ha
dado ahora sí, el valor real al taxista y al servicio que presta, ese valor que
es nulo y denigrado en la cotidianidad del año, toma trascendencia por estas
horas al querer conseguir un taxi.
Lo que somos, lo que verdaderamente somos…mujeres y hombres
trabajadores, apasionados, desgastados, risueños, enojados, enamorados y/o
enemistados con la vida, madres y padres de familia, hijos e hijas, hermanos y
hermanas, somos personas, con una enorme abanico de realidades distintas, con
“mochilas”, con deudas, con más años, con menos años, con penas, tristezas,
alegrías, fracasos y triunfos, pequeños y enormes dependiendo de donde se lo
mire, nosotros todo lo miramos desde acá, desde este lugar que nos absorbe la
vida y que lejos de odiarlo, amamos, pero vivimos en ese estado de deseo eterno
de progreso y mejoría, que nunca llega y que debe ya, un día de estos, en algún
momento tocar a nuestra puerta. Nos lo merecemos, créanme que lo merecemos, sin
ser esta vida, claro, un sueño que se rija por méritos y lejos de querer
asociar esto a la meritocracia, sino más bien, querer sí, que la pretensión y
el propósito colectivo, pegue alguna vez el salto.
Esta vida, la nuestra, la del sacrificio, debe y tiene que
tener la posibilidad de brindarle a quienes la viven, una mejor calidad y
condiciones favorables, es ésta simplemente, la ilusión tras la cual debemos
ir, sin egos, ni mezquindades, con apertura, diálogo y consenso, es y debe ser,
el camino a transitar.
Es el anhelo para este 2022, que “EL TAXI”, sea tema de
agenda para nuestras autoridades, sin tibiezas, con compromiso e
involucramiento.
Para la gran familia de taxistas viedmenses, les deseo de
corazón un mejor año y muchas felicidades.
NICOLAS ABELLEIRA TAPIA
Presidente de la ASOCIACIÓN DE TAXISTAS VIEDMENSES
(Personería Jurídica n° 3800)

9 enero 2026
Viedma