El General no tiene quién le escriba…entre gallos

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La celebre obra de Gabriel García Márquez “El Coronel no tiene quién le escriba”, representaba el ocaso  de un encumbrado militar, que mal vivía en una villa atlántica colombiana, cercana a la celebre “Macondo”. Este Coronel, esperaba pacientemente todos los viernes la llegada de correspondencia que  indique que su pensión había sido aprobada, consiguiendo un medio de vida para él y su mujer, pero sobre todo la resignificación de su vida y sacrificio entregado por la patria y la revolución. Mientras esperaba se describe la crianza de un gallo de riña, como el plan de supervivencia y disposición a mantener los lazos con su hijo fallecido, mientras llegaba el esperado anhelo.

La ausencia de la reivindicación de los sectores que se consagran de centro ideológico de su propia historia, embebidos en la borrachera de la coyuntura, nos traslada a la descripción literaria del Gabo. La historia esta allí esperando como el Coronel colombiano que llegue la correspondencia, la reivindicación y la salida del maniqueísmo y deformación a la que nos han sometido.

De la misma forma por estos tiempos no avizora el servicio postal la entrega de ninguna defensa en nuestra sociedad de los hombres de nuestra historia comprometidos con la construcción de nuestra nación que hoy no son útiles del provecho político coyuntural.

En el centro de la dilapidación histórica se encuentran los sucesos históricos acontecidos entre fines del Siglo XIX, y comienzo del XX. Eran tiempos  en que la construcción de la nación, implicaba  obras y gestiones que  se contaban por días y horas, importantes en la primera definición de capitalidad de nuestra ciudad.

Quizás su correlato en nuestra provincia por su pujanza lo son en el Siglo XX,  Castello, Requeijo, Mario Franco  y el regreso de la democracia en la década de 1980, impregnada por la frase “Soñar y Hacer”, con Horacio Massaccesi. Tránsito de hombres de carne y hueso dedicados a la cosa pública impetuosos, hacia la tormenta sin reparos.

Y allí están sus secuelas, escuelas, calles, viviendas, obras que aún hoy son referencia incluso desde el espacio, tal como el canal Pomona –San Antonio que puede divisarse desde lejanas fotos satelitales de la tierra.

Es posible que la historia olvide sus actores? Es posible que no sean rescatados? Allí reside la cuestión en quienes recibieron donación en vida sin reservas de usufructo de su obra política.

En Viedma, tal como sucede con Don Sabas en la obra del Premio Nobel, intentando apoderarse del deposito de anhelos del Coronel en el ave de riña, entre gallos y medianoche y con sigilo  se  prestan los oportunistas de turno locales arrogándose la facultad de juzgar la historia con  visiones del presente, valiéndose de la  decepción de una larga espera inválida y triste de cambios.

El 30 de Diciembre la antigua Calle Jujuy de Viedma dejará de llamarse Roca, y en nuestra ciudad quedará la cicatriz de un tiempo político y su significado.  Luego de la Calle Alem, a partir de la intersección con Colón, el líder del antiguo Partido Autonomista Nacional y protagonista de nuestro título de Capital Histórica de la Patagonia, quedará vedado, será un sujeto tachado, lo que conscientemente es negado, inconscientemente revertirá. Alguien reivindicará al General…?

Diego García

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